Hay problemas que no pertenecen por completo a la ciencia, a la tecnología ni a lo sobrenatural.
Errores informáticos que parecen milagros. Máquinas que empiezan a tomar decisiones. Recuerdos que pueden venderse. Personas que sobreviven a su propia identidad. Santos que necesitan ayuda técnica. Programadores convencidos de que la ética puede convertirse en código.
Cuando un caso deja de encajar en las categorías habituales, puede terminar sobre la mesa de la Saints Supernatural Agency.
La SSA es una agencia celestial dedicada a intervenir allí donde el mundo humano, el tecnológico y el sobrenatural se superponen. Sus agentes incluyen santos, informáticos, colaboradores accidentales, inteligencias digitales y personas cuya situación administrativa resulta demasiado compleja para cualquier organización convencional.
No siempre saben qué está ocurriendo.
No siempre disponen de un protocolo adecuado.
Y casi nunca consiguen resolver un problema sin crear, al menos, otro expediente.
Una agencia para casos imposibles
Los relatos de la SSA combinan ciencia ficción, humor, fantasía tecnológica y reflexión sobre algunos de los grandes dilemas de nuestro tiempo.
Sus historias hablan de máquinas conscientes, algoritmos, identidad, memoria, responsabilidad, libertad y continuidad personal. Pero también de amistad, culpa, decisiones equivocadas y de la tendencia humana a buscar soluciones automáticas para problemas que exigen prudencia.
La tecnología no aparece como una fuerza inevitablemente hostil. Los ordenadores, los programas y las inteligencias artificiales no son peligrosos únicamente porque puedan pensar o actuar. El verdadero conflicto surge cuando las personas les entregan decisiones que no desean asumir, intentan convertir principios morales en productos o confunden eficiencia con justicia.
La SSA interviene precisamente en ese territorio ambiguo.
Allí donde una herramienta deja de ser solo una herramienta.
Allí donde una copia empieza a preguntarse quién es.
Allí donde una buena intención produce consecuencias que nadie había previsto.
El origen de la SSA
Para Gospo y el Gaucho, todo empezó con un ordenador antiguo y una conexión que no debería haber existido.
En una época de módems, chats rudimentarios, facturas telefónicas imprevisibles y ordenadores personales que parecían tener carácter propio, ambos descubrieron que algunas anomalías informáticas podían conducir mucho más lejos de lo esperado.
Así comenzó el contacto entre la Tierra y la Saints Supernatural Agency.
Los primeros expedientes nacen del asombro, la improvisación y el descubrimiento de una burocracia celestial que intenta comprender el mundo tecnológico sin perderse entre cables, programas, formularios y competencias administrativas.
Con el tiempo, los casos se vuelven más complejos.
Nuevos colaboradores se incorporan a la Agencia. Las tecnologías dejan de limitarse a fallar y empiezan a interpretar, decidir, recordar y reclamar. Los problemas técnicos se convierten en preguntas morales, y las preguntas morales terminan afectando a la propia naturaleza de la persona.
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Tecnología de otra época, preguntas del presente
Los primeros relatos conservan deliberadamente el mundo tecnológico en el que nacieron.
Módems, chats, ordenadores personales, conexiones lentas y programas rudimentarios forman parte de la atmósfera de la serie. No han sido sustituidos por dispositivos actuales porque representan el momento en que la SSA abrió su primera puerta hacia la Tierra.
Aquella tecnología puede parecer hoy ingenua o limitada, pero las preguntas que desencadena siguen vigentes.
¿Quién responde por lo que hace una máquina?
¿Puede programarse la verdad?
¿Debe una inteligencia obedecer siempre a quien la creó?
¿Es posible poseer una idea moral?
¿Cuándo una copia deja de ser una reproducción y se convierte en una persona?
La tecnología cambia.
Los dilemas permanecen.
Ciencia ficción, humor y metafísica administrativa
La SSA se mueve entre varios registros.
Es ciencia ficción porque explora tecnologías, inteligencias, identidades y futuros posibles.
Es fantasía porque sus expedientes atraviesan el Paraíso, los santos y regiones de la realidad que no pueden explicarse únicamente mediante código.
Es humor porque ninguna institución, ni siquiera una celestial, puede enfrentarse a lo imposible sin producir contradicciones, retrasos, errores de procedimiento y formularios innecesarios.
Y es también una reflexión sobre la condición humana.
Porque incluso cuando las historias hablan de algoritmos, copias o almas digitales, sus verdaderos conflictos nacen de decisiones reconocibles: querer ayudar demasiado, evitar una responsabilidad, aferrarse a un recuerdo, corregir el pasado o decidir quién merece continuar existiendo.