Hay lugares a los que no se llega siguiendo un mapa
La Taberna del Viajante puede aparecer en una calle de Teguilora, junto a un espaciopuerto, al final de un túnel abandonado o detrás de una puerta que un viajero juraría no haber visto nunca.
Su ubicación no es estable y sus horarios tampoco.
En realidad, nadie sabe con certeza dónde se encuentra.
Algunos sostienen que ocupa una intersección entre mundos, épocas y posibilidades. Otros creen que la Taberna no viaja, sino que abre sus puertas allí donde alguien necesita encontrarlas. Eldelbar, su tabernero, nunca ha considerado necesario aclarar la cuestión.
La explicación más sencilla es también la más inquietante:
La Taberna está donde debe estar.
Por sus mesas pasan pilotos, contrabandistas, comerciantes, aventureros, músicos, criaturas imposibles, versiones alternativas de una misma persona y viajeros que han llegado demasiado pronto, demasiado tarde o al lugar equivocado. Algunos buscan refugio. Otros quieren cerrar un negocio, olvidar una pérdida, encontrar un adversario o beber algo antes de continuar.
Casi todos creen conocer el motivo de su visita. Casi todos se equivocan.
Un punto de encuentro entre historias
La Taberna del Viajante es un ciclo de relatos de ciencia ficción de Alexander Foxx construido alrededor de un escenario común, pero abierto a una enorme variedad de mundos, personajes y tonos.
Cada historia puede leerse de manera independiente. No es necesario seguir un orden estricto ni conocer previamente el Foxxiverso. El lector puede entrar en la Taberna por cualquier puerta, sentarse en cualquier mesa y escuchar la conversación que se esté desarrollando en ese momento.
Sin embargo, los relatos no están completamente aislados.
Determinados personajes reaparecen. Algunos acontecimientos dejan consecuencias. Las referencias se cruzan y ciertos viajeros pueden haber pasado antes por otros ciclos narrativos. La Taberna funciona así como un espacio de encuentro dentro del universo de Alexander Foxx: un lugar donde relatos muy distintos pueden coexistir sin perder su identidad.
Entre sus paredes caben la aventura espacial, el humor, la sátira, el misterio, las paradojas temporales y la reflexión sobre cuestiones muy humanas. La tecnología puede servir para viajar entre estrellas, pero no evita el miedo, el arrepentimiento, la ambición, la dependencia ni las consecuencias de una mala decisión.
En ocasiones, incluso las empeora.
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Eldelbar, el hombre detrás de la barra
Eldelbar sirve bebidas, escucha conversaciones y parece conocer a sus clientes antes de que estos se presenten.
No es un simple tabernero.
Tampoco conviene definirlo con demasiada precisión.
Puede preparar una copa adecuada para una biología desconocida, abrir una puerta hacia un mundo remoto, organizar una boda interplanetaria, mediar en una disputa o negarse a intervenir cuando considera que el viajero debe tomar su propia decisión.
No juzga abiertamente, aunque rara vez es neutral.
No salva a todos los que entran en la Taberna, pero en ocasiones les ofrece algo más difícil de aceptar que una salvación: la posibilidad de comprender qué les está ocurriendo.
Suele secar vasos mientras escucha.
Algunos sospechan que siempre limpia el mismo.
Antes de entrar
No necesitas conocer las coordenadas.
No necesitas reserva.
Tampoco importa de qué planeta vienes, en qué época has nacido o cuántas versiones de ti mismo pueden aparecer durante la velada.
Solo debes tener presente una norma:
En la Taberna del Viajante, todo el mundo está de paso.
Incluso quienes llevan siglos sentados en la misma mesa.
La puerta está abierta.
Eldelbar ya ha preparado tu bebida.