Demasiados o imperfectos nace de la tensión entre dos falsas alternativas. La primera mira al ser humano como exceso: demasiada población, demasiada huella de carbono, demasiada presión sobre el planeta, demasiadas vidas que gestionar. La segunda lo mira como insuficiencia: cuerpos demasiado frágiles, inteligencias demasiado lentas, emociones demasiado inestables, vejeces demasiado costosas, límites demasiado humanos.
Ambas posibilidades parecen opuestas. Una quiere contener al ser humano; la otra quiere superarlo. Una habla de límites; la otra de expansión. Una teme que seamos demasiados; otra teme que sigamos siendo demasiado imperfectos. Pero las dos pueden encontrarse en un mismo punto: la persona concreta desaparece detrás de una abstracción.
Demasiados o imperfectos pertenece a ese territorio donde la ficción y el pensamiento crítico se encuentran. Alexander Foxx imagina futuros posibles. Alessandro Mocchi, en el epílogo final, recoge la advertencia ensayística: el neomalthusianismo y el transhumanismo esconden entre sus pliegues una doble sospecha contra el ser humano.
Demasiados. Imperfectos. La respuesta del libro a este falso dilema es otra: somos personas.